viernes 16 de septiembre de 2011

Un nuevo momento

Me sentí sobrepasado cuando experimenté la sensación de poder.
Es una sensación que solo se siente cuando tienes algo supremo a tu lado. Esta sensación es buena y mala. Dañina y edificante a la vez. Ves lo más hermoso en tu retina y quieres retenerlo. Recordarlo, recrearte es un ejercicio por el que pides a Dios la destreza necesaria y los minutos te encoraginan cual escultor a su busto.
El karate te embriaga y te circunscribe en su relación dolosa de poder definitivo y no efímero. He ahí el karate.
El karate es para uno mismo y no para los demás.
Que el arte nos preserve de tal muestra y sea para nuestros adentros.